¿Qué es la calidad eléctrica?

El concepto de Calidad eléctrica o Calidad de Energía Eléctrica, está adquiriendo actualmente una gran relevancia por la concienciación cada vez mayor que de ella depende la competitividad de las empresas al estar relacionada directamente con su eficiencia y productividad, principalmente en el sector industrial, observándose un interés cada vez mayor en su estudio con el propósito de optimizar los sistemas eléctricos o las instalaciones productivas.
 
Según la normativa internacional IEC 61000-4-30 en términos estándar se define la “Calidad de Energía Eléctrica” como las características de la electricidad en un punto dado de la red eléctrica, evaluadas con relación a un conjunto de parámetros técnicos de referencia.
 
Aunque es un término muy amplio y su definición varía según el país, en términos más generales y teniendo en cuenta que algunas de sus características dependen tanto del distribuidor de electricidad, como de los fabricantes de equipos y del usuario final, se puede considerar como Calidad de Energía Eléctrica.
 
La combinación de la continuidad del suministro junto con la calidad de la tensión y la corriente suministradas en su forma ideal, esto es, una tensión o voltaje constante, frecuencia constante y forma de onda sinusoidal, entendiendo que cualquier desviación de estas magnitudes se considera una perturbación o una pérdida de Calidad Eléctrica.
 
En términos más coloquiales se suele expresar el tener una buena o una mala calidad eléctrica, en función del número grado y nivel de la presencia de estas perturbaciones en nuestro sistema eléctrico o instalaciones y que puedan causar en mayor o menor medida distintas problemáticas en el funcionamiento de las cargas y de los procesos.
 
Aproximadamente el 20% de estas perturbaciones se originan en los sistemas de producción y distribución eléctrica, el 80% restante en las propias instalaciones del usuario, afectando a las características del suministro eléctrico, se distinguen por su magnitud y duración dando lugar a un suministro eléctrico fuera de límites pudiendo dañar las cargas eléctricas de forma que presenten un funcionamiento incorrecto.
 
Las principales problemáticas generadas por los sistemas de producción y distribución eléctrica, suelen ser interrupciones o bajadas de tensión causadas por fenómenos atmosféricos, fallos del sistema o el mal estado de las líneas de distribución, no teniendo en estos casos capacidad de maniobra desde el usuario final para resolver el problema, aparte de presentar las correspondientes reclamaciones a las distribuidoras o compañías eléctricas.
 
Por otra parte, y debido a los cada vez más sofisticados procesos productivos actuales, por la utilización de la denominada Electrónica de Potencia (elementos electrónicos de alta capacidad), la utilización de motores inductivos y el fuerte incremento en la demanda de energía eléctrica, junto el mal estado o deficiente dimensionamiento de las instalaciones, se pueden considerar como las causas principales de generación de perturbaciones en las propias instalaciones del usuario, pudiendo en este caso actuar sobre ellas, ya que se sitúan aguas abajo del suministro y dentro de las propias instalaciones.
 
Concretamente pueden generarse perturbaciones por sobrecargas en los circuitos y transformadores, neutros mal dimensionados y conexionados de forma incorrecta, cargas desequilibradas, conexiones mal apretadas, armónicos causados por cargas electrónicas y energía reactiva por el uso de elementos inductivos, entre otras. Todas ellas afectan de forma muy significativa a la Calidad de la Energía Eléctrica que circula por la instalación, provocando serios inconvenientes y complicaciones de funcionamiento en los dispositivos conectados a la red, así como, sobre costes muy importantes por mantenimientos y fugas de consumos no deseados.
 
Actualmente, y desde la óptica de la denominada Eficiencia energética, se puede actuar de forma muy efectiva sobre las perturbaciones generadas por el usuario final, que suponen el 80% del total que se generan en el sistema, permitiendo reducirlas y optimizarlas mediante la aplicación de tecnologías de última generación  como pueden ser analizadores de redes y de calidad del suministro, sistemas de filtrado de armónicos, de compensación de energía reactiva, sistemas de monitorización y control en tiempo real, contadores inteligentes, estabilizadores de tensión… y por otra parte, el estudio  de la optimización de potencias y tarifarios eléctricos y los hábitos de consumo.
 
Todas estas acciones permiten mejorar y obtener una mayor eficiencia y eficacia de la Calidad Eléctrica utilizada y en consecuencia una mayor competitividad.
 
En definitiva, podemos concluir que es de vital importancia el disponer de una Calidad Eléctrica adecuada y que su estudio y optimización se convierten en un valor estratégico cada vez mayor para las empresas, dependiendo de ello también, en buena medida, la calidad de sus productos y su rentabilidad.

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